Compartir es vivir. Los seres humanos, pese a ser tildados de egoístas en multitud de ocasiones, tenemos la necesidad de compartir a lo largo de toda nuestra vida. Compartimos juegos con nuestros amigos de infancia o hermanos, compartimos deseos con las personas que nos importan, compartimos vida con la persona que elegimos, compartimos inquietudes en el trabajo…

En los últimos años hemos aprendido a compartir algo que, según en qué generación, aun está mal visto, el conocimiento. En las ultimas doce horas de los que llevamos de jueves ya se han compartido, por ejemplo, casi 127.500 tweets.

Fuente: worldometers

Muchos piensan que si tengo el conocimiento de algo mejor me lo guardo para mí porque, de esa manera, podré destacar sobre los demás. Esa tendencia ha cambiado gracias a internet. Los internautas están deseosos de compartir aquello que saben y, de igual manera, recibir a cambio el conocimiento de los demás.

Marc Prensky clasificó a los internautas en dos tipos: los inmigrantes digitales” y los nativos digitales”. Los primeros son aquellos que utilizan la tecnología, conviven con ella, disfrutan de ella pero nacieron y crecieron sin ella. Sin embargo, los “nativos digitales” que sólo han conocido una sociedad dominada por el uso de las nuevas tecnologías.

                                                                             

No hace mucho, mi sobrina de un año y medio, que todavía no habla con claridad cogió la cámara de fotos de su padre y, sin saber que era, o para que servía, se la puso en la cara como si fuera a hacer una foto. También vi a una niña de unos cuantos años más coger un libro y, en la portada, pasar la mano por encima como si estuviera cambiado de pantalla en un iPhone.

A las personas que Prensky denomina “inmigrantes digitales” se nos nota en acciones tan simples como la necesidad de imprimir un correo electrónico para leerlo o de un documento escrito con ordenador pero que lo corregimos en papel. De igual manera que necesitamos más tiempo para asimilar la cantidad de información que recibimos de internet. En cambio los “nativos digitales” están acostumbrados a un ritmo más frenético, se sienten cómodos realizando más de una tarea al mismo tiempo. Pueden estar redactando un documento mientras escuchan música y tienen el chat de Facebook o Tuenti abierto y a pleno rendimiento.

Al margen de esta clasificación que Prensky hace sobre los internautas a mí me gusta destacar el concepto que me ha llevado a escribir este post, compartir. Aun recuerdo frases de antiguos jefes como “pero no se lo cuentes todo, no es necesario que tenga tanta información” o “esto es confidencial, somos los únicos que sabemos hacerlo”. Compartir aquello que conocíamos estaba mal visto. Si tenías conocimiento de algo mejor tenias que guardártelo. No ocurre lo mismo hoy en día. Cada vez más las personas queremos aprender de aquellos que tienen el conocimiento, por eso seguimos a “gurús” del tema que nos interese en los blogs o a través de diferentes medios de comunicación online. Sin embargo, seguimos siendo reticentes a contar lo que nosotros sabemos.

El otro día le dije a una compañera “voy a hacer un blog que explique términos de comunicación online comunes pero en un lenguaje lo más llano posible para que todo el mundo pueda conocer y comprender esos conceptos”. Me respondió “pero no lo cuentes todo a ver si nos vamos a quedar sin trabajo”. Esa es la actitud que muchos “no digitales” o algunos “inmigrantes digitales” mantienen a día de hoy.

Luego están los conversos, “inmigrantes digitales” que han comprendido que si queremos recibir información debemos aportar nuestro granito de arena. Y de esa manera crean sus blogs, participan en conversaciones a través de  LinkedIn o comparten información a través de Twitter o Facebook. 

Las personas que hoy conforman, lo que Prensky llama, los “nativos digitales” han nacido, no solo con las tecnologías, sino con el concepto de compartir ya integrado en su ADN y no les supondrá ningún conflicto moral dar a los demás el conocimiento que van adquiriendo a lo largo de su vida.

La tecnología no solo nos facilita la vida, Internet y los social media han supuesto un cambio de hábitos y comportamientos en los seres humanos.

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Hasta el próximo post.

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